El Comer Emocional

by Leticia Zarrabal Murrieta on septiembre 12, 2013 · 0 comments

El Comer Emocional

El Comer Emocional

Dicen dos viejos refranes populares: “panza llena, corazón contento”, o bien que “las penas con pan son menos”. Desde temprana edad, la asociación entre comida y sentimientos ha estado presente en nuestras vidas (Padres que confortaban a sus hijos del dolor tras un raspón con unos dulces, premiaban las buenas calificaciones con papitas y soda, mitigaban el llanto con una rica rebanada de pastel, etc.) se aprende y asocia que el alimento sana, gratifica, reconforta, tranquiliza y de una forma inconsciente lo seguimos haciendo a través de los años hasta llegar a convertirse en un comportamiento automático y un habito a veces difícil de identificar y de romper.

Cuando hablamos de “comer emocional”, nos referimos a los diferentes sentimientos o estados de ánimo que pueden llevarnos a realizar una ingesta excesiva de comida como una forma de suprimir o aliviar las emociones negativas, tales como la ira, el miedo, el coraje, la tristeza, la ansiedad, la soledad o simplemente el aburrimiento o enfado.

El Comer Emocional

El Comer Emocional

Se sabe que del 100% de las personas que presentan sobrepeso o algún tipo de obesidad, el 75% comen impulsados por sus estados de ánimo y el restante 25% son por causas biológicas u hormonales. A nivel fisiológico existe una explicación real; es decir, los alimentos ricos en azúcar, grasa y calorías, hacen que el organismo segregue hormonas que elevan el ánimo y dan una sensación de bienestar que puede volverse adictiva. Esta es la razón por la cual el hambre emocional es tan común.

En el ser humano, podemos distinguir dos tipos de hambre: fisiológica y emocional. El hambre fisiológica es el mecanismo de defensa que alerta al organismo cuando existe necesidad de nutrientes, se manifiesta como un deseo de ingerir alimentos, mientras que el hambre emocional en vez de que un estímulo fisiológico provoque la sensación de hambre, un impulso emocional es el que desencadena el deseo de querer comer. Todos hemos experimentado ambos tipos. Pero cuando el hambre emocional se convierte en hábito, se corre el riesgo de desarrollar algún desorden de la alimentación, como sobrepeso, cambios en el metabolismo, comer compulsivamente, anorexia o bulimia.

Algunos Indicadores para saber si estamos comiendo por estados emocionales y no por hambre física son los siguientes: decir sentir hambre después de comer, aun cuando se sabe lleno. Sentir alivio de las tensiones cuando se come. Si no come cuando lo desea se muestra ansioso o desesperado. Nunca te sientes satisfecho, no importa cuánto comas. Te sientes culpable o triste después de comer en exceso. No conocer su saciedad y sólo parar de comer cuando se siente incómodo por tanto que comió. Mentir por vergüenza sobre las cantidades o tipos de alimentos ingeridos durante el día. Comer a escondidas o minimizar o justificar sus ingestas de alimentos chatarra. Gran parte de su día lo invierte en pensar en qué va a comer. Siente que no disfruta los alimentos que está consumiendo. Come cuando está nervioso o estresado. Cuando comienza una dieta termina dándose atracones por pensar que está restringiendo sus alimentos favoritos.

Recomendaciones: Haga una reflexión sobre el origen de su hambre. ¿Su hambre es física o emocional? Si comió hace apenas unas horas y no tiene un estómago ruidoso, probablemente no está realmente hambriento. Dele a la ansiedad de comer, un poco de tiempo para que pase.

Conozca sus detonadores: trate de llevar un registro de sus alimentos, ej. lo que come, cuánto come, cuándo come, cómo se siente cuando come y lo hambriento que está. Con el tiempo, podrá ver los patrones que emergen y que revelan la conexión entre su estado de ánimo, la comida y bajo qué circunstancias ocurren.

Luche contra el aburrimiento: En vez de picar cuando no está realmente hambriento, distráigase. Salga a caminar, vea una película, lea un buen libro, llame a un amigo.

Aperitivos saludables: Si siente el impulso de comer entre comidas, elija un aperitivo bajo en grasa y bajo en calorías, como las frutas frescas, verduras con aderezo sin grasa, o palomitas de maíz sin mantequilla evite tener en su despensa alimentos chatarra.

Busque ayuda: La terapia psicológica le puede ayudarle a entender las motivaciones detrás de su alimentación emocional y ayudarle a aprender nuevas habilidades para enfrentarla.

Artículo escrito por:

– quien ha escrito 9 artículos en Aló Magazine.

Es Psicóloga Clínica, por la Universidad del Noroeste. Especialidad en Psicología Bariátrica por el Colegio Mexicano de Enfermedades Metabólicas y Cirugía Bariátrica. Maestría en Salud Mental por el Instituto Nacional de Salud Pública. Escríbeme.

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